El "crimen" del Loco, su personalidad, la pasión por el Lobo y más

05.02.2013 | 11.10   |   FacebookTwitter
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José y Antonio Amuchástegui, sinónimo de la hinchada azul y blanca (Fotos: Eva Cabrera)
Por  Diario Diagonales

Está claro que hablar de Amuchástegui es sinónimo de pasión en azul y blanco. Marcelo, el afamado Loco Fierro, fue el líder más carismático y respetado de la barrabrava de Gimnasia en toda su historia. Heredó el apodo de su hermano mayor, José, a quién le decían "Fierro chifle". Luego de la partida de Marcelo, el 28 de mayo de 1991, nació el mito. Hoy la hinchada lleva su nombre, se hace llamar la banda de Fierro, y eso parece que nunca cambiará. 

Antonio, hermano mayor del Loco y compañero de andanzas junto a José y otros de aquella época, era quien tenía un vínculo familiar más cercano con Marcelo y quien aún hoy, 22 años después, no puede superar su partida, tapar ese vacío que le dejó su hermano menor. 

-¿Cómo nació su vínculo tan estrecho con Marcelo? 
-Él era muy particular, muy compañero. No se podía bancar nada, ninguna injusticia, entonces saltaba. 

-Eso le habrá jugado a favor, en esa época, para generar el magnetismo que generaba… 
-No lo sé, pero uno tiene que pensar en qué es más importante, ¿no? 

-¿Asume el mito que significa el Loco Fierro en el mundo Gimnasia? 
-Es natural. La mayoría de los hinchas lo ve como el prototipo de hincha. Siempre lo vieron como el que iba al frente con firmeza, lo veían como alguien a seguir. 

-¿Cómo era el Marcelo de entrecasa? 
-Era un pibe muy cariñoso, muy bueno, solidario. Conmigo sobre todo. Aún hoy no pude superar su pérdida. Viste que con los hermanos siempre encontrás alguno con el que te unís más, y entre nosotros era mutuo. 

-¿Lo soñaron e hicieron con Marcelo lo del comedor? 
-Sí, siempre. Tanto acá como en la cancha, él siempre fue solidario. Pasa que cuando no te bancás nada… se complica. 

-¿En qué sentido lo dice? 
-Y cuando hay prepotencia, rebaje… la injusticia. Cuando vos te plantás con alguien que tiene más poder que vos, se pone difícil. Con el tiempo no te salvás y después pasa lo que pasó, y no lo podés probar porque dicen que sos un barrabrava y ya. 

-¿Cómo vivieron la muerte de Marcelo, creen que fue un crimen? 
-Sí… era mi hermano más chico y hasta el día de hoy es un vacío que no puedo superar. 

-Tiene en claro que fue un crimen… ¿por qué? 
-Mirá, la policía en todos lados es igual. Siempre está encuadrada en determinado tipo de actitud. Cuando encuentran a alguien que desencaja, intentan que encaje. Si no, bueno… se encargan de desaparecer o de matar. 

Aunque parezca extraño, Amuchástegui padre no era platense ni tripero. Pilar, su nombre originario, más conocido como José, era rosarino e hincha de Central; mientras Ángela era italiana y no tenía vínculo alguno con el fútbol. Así es que un tío del Loco fue quien los llevó a la cancha y "ahí nos enfermamos todos", contó Antonio. A lo que agregó: "Fue por la gente. Gimnasia tiene una gente muy especial, Gimnasia es pueblo", dice en resumen.

-¿Dónde nace tanta identificación con Gimnasia? 
-Mirá, mi viejo era rosarino, hincha de Central, y mi mamá italiana, nada que ver con el fútbol. Fue un tío que nos llevó a todos a la cancha y nos enfermamos. 

-¿Por qué? 
-Por la gente. Gimnasia tiene un gente muy particular, de los barrios más carenciados. La Loma era de ese tipo en ese momento, no ahora… estaba más descampado, había un arroyo en el cual nos íbamos a bañar… Gimnasia es pueblo. Recuerdo claramente cuando nos íbamos con todos los chicos de barrio a la cancha, era espectacular. Chicos en short, en cuero… se metían hasta en la autobomba para entrar a la cancha… eso es Gimnasia. 

-¿Sigue al club hoy? 
-No estoy yendo a la cancha. Hemos ido en toda circunstancia, en tren, con granizo, con lluvia… llega un momento que te tranquilizás, que bajás un poco. He ido a algunos partidos, pero tranquilo. 

La barra antes, la barra ahora. Está claro que no eran santos de devoción de nadie, ni mucho menos. Los hermanos Amuchástegui manejaron, con el Loco a la cabeza, la barra del Lobo a lo largo de muchísimos años. Con miles de batallas en las tribunas locales y visitantes, Antonio recorre cómo se manejaban las barras de antes y las compara con las de ahora: "No se trabajaba de barrabravas como ahora... siempre poníamos la plata nosotros". 

-¿De qué manera se manejaba la barrabrava en su época? 
-Antes era mucho sentimiento y si juntábamos algo, era por ponerlo nosotros. No había entradas de favor, no se trabajaba de barrabrava. Siempre poníamos la plata nosotros. 

-Quizá por esos modos Marcelo se ganó el respeto de los otros… 
-Mirá, mi hermano era justo en eso también, un tipo muy particular. Cuando tenía entradas, se subía al alambrado y las tiraba a la “remanchanta”. Cuando se sentaban todos en el arenero, en la tribuna del Bosque, él llegaba con entradas y no sé cómo hacía, pero en dos segundos estaba arriba de la tribuna y desde allá las tiraba… terminaban todos amontonados, unos arriba de otros para agarrar una entrada. 

-Han hecho muchas ustedes… 
-Sí, pero siempre con lealtad. Había peleas, siempre, pero peleas a piñas. Me acuerdo siempre que con Quilmes era terrible, siempre había pelea. En la estación, acá, allá, pero siempre a piñas. Después empezó a entrar la cadena, la piedra, la punta, el arma… antes había códigos. Todo lo que se hacía, se sabía en la cancha o después, pero se sabía. Nos peleamos a las piñas y vemos quién es el más bueno. 

-¿Las arreglaban? 
-Sí, siempre. Mi hermano siempre tenía quién le arreglara las peleas. Le decía que uno había dicho una cosa, otro otra, y ahí se armaba la rosca. Y claro, él no le esquivaba a eso. Si tenía que pelear, a mano limpia, era material dispuesto siempre (risas). 

-¿Y usted, también en esas? 
-No, yo era más pacífico… él siempre me decía por qué yo quería estar bien con todos, y yo le decía que era una locura no poder ir a la cancha a ver el partido. Siempre había que estar lastimándose… pasa que al lado tenía muchos que también estaban predispuestos al combate, entonces se hacía incontenible. Nos pasó con Lanús, que estaban peleados los clubes y las hinchadas. Entonces cada partido era piña, piña y todos juntos a la comisaría. Ahí hacían rancho todos juntos, compartían la comida… entonces un día se juntaron las CD´s y los barras en el Poli, se habló y se arregló: ‘ustedes por allá y nosotros por acá’, entonces cada vez que venían no pasaba nada, y cada vez que nosotros íbamos allá tampoco. Eso se cumplió y ya, porque si no terminás lastimando, golpeando y hasta matando, destruyendo una familia.
 
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El Loco Fierro: vida de militancia, DDHH y la barra tripera
Hablar del mítico Marcelo Amuchástegui es sinónimo de barra de Gimnasia. Poco se sabe sobre su militancia, su hermana desaparecida y su relación con las Madres de Plaza de Mayo. Un diario de La Plata te lo muestra en esta imperdible nota con Antonio, su hermano.
04.02.2013 | 08.35   |   FacebookTwitter
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Antonio en el comedor Marcelo Amuchástegui, un símbolo de solidaridad
Por Diario Diagionales

Hablar de Marcelo Amuchástegui es sinónimo de barrabrava de Gimnasia, de mito en el mundo azul y blanco, del mítico Loco Fierro que hoy yace en cientos de banderas que siguen al Lobo. Pero hay mucho más detrás del histórico líder del tablón tripero. No sólo violencia y disputa por los trapos, sino también una vida de militancia peronista con eje en la solidaridad, dolor por la asuencia de una hermana desaparecida en la época de la última dictadura, de exilio interno en Rosario y más. Te mostramos la historia familiar en una imperdible entrevista con Antonio, uno de los hermanos y laderos del Loco en épocas de cancha, pero también de barrio y clandestinidad, de convicción política y ayuda al prójimo...

Apenas ingresado en su casa del barrio La Loma, una foto me sorprende: “¿Quién es?”, interrogo al instante a riesgo de incomodar. “Mi vieja”, me dice Antonio Federico Amuchástegui. La señora, en silla de ruedas y con un soberbio pañuelo blanco en su cabeza, reluciente, era acariciada desde atrás por una enorme figura física de manos aparentemente tiernas. Era Néstor Carlos Kirchner. Antonio lleva adelante un comedor comunal que da alimento a 65 personas en el barrio Puente de Fierro, un hogar de noche en Altos de San Lorenzo, y un salón comunitario para la tercera edad en el barrio La Loma. “Militancia de décadas” dice él con orgullo. 

Volviendo al ingreso en su casa, develo que “no sabía que su mamá formaba parte de las Madres”, desde una ignorancia casi indecente. Y Antonio contesta, ya más suelto: “Sí, tenemos una hermana desaparecida (NdR: Gladys Mabel Amuchástegui). Mi mamá, Ángela Messina de Amuchástegui, estaba con la Línea Fundadora de las Madres”. En esa fenomenal captura, en ese impasse eterno que suelen ser las fotografías, única manera de controlar el paso del tiempo, había una convicción: la cara de felicidad de Ángela, en medio de un dolor que jamás mermaría. 

El momento histórico que se vive en el país con los juicios por la Memoria, la Verdad y la Justicia se veían reflejados en la sonrisa de Ángela, acariciada y abrazada por Kirchner que, desde su acción directa contra los dictadores y quienes colaboraron con ellos, le ayudó a cargar con el dolor de su alma hasta el último de sus días. 

-¿Cómo empieza la relación familiar con Madres? 
-Tengo una hermana desaparecida. Yo también lo estuve en 1 y 59 por un tiempito. Nosotros militábamos en la Juventud Peronista de La Plata. En el 76 se empujó a clandestinizar a la gente, a quienes pensaban distinto con la triple A dando vueltas por ahí… mi hermana que desapareció, Gladys Mabel Amuchástegui (NdR: nombre del parador para gente en situación de calle que lleva adelante Antonio, además del comedor en el barrio Puente de Fierro llamado ‘Marcelo Amuchástegui’), era menor que yo. 

-¿Cómo vivieron esa situación? 
-Como todos, momentos de mucho sufrimiento, de angustia que son difíciles de superar… se te va la hermana más chica, fue todo una sorpresa. Nunca se había hecho una cosa así. 

-Ahí su madre se sumó a las Madres… 
-Sí, ahí mi madre estaba con la Línea Fundadora, con Adelina… su hijo (Carlos Alaye), también desaparecido, militaba con nosotros. 

-Su situación personal, ¿cómo fue? 
-Mirá, nosotros siempre militamos acá en La Loma. Teníamos una unidad básica y siempre fuimos una familia muy conocida en la zona. Te hablo de La Loma cuando estaba más descampado… entonces nos conocíamos con gente de otros barrios. Desde la 520, hasta 44 y de 1 a 31… muchas familias. En la década del 70, la juventud se inclinaba a participar, teníamos un gran compromiso. 

-¿Y cómo siguió? 
-Siempre militamos en el barrio y acá fue muy complicado, como siempre… desaparecieron 7 u 8 compañeros que militaban acá. Estuve varios meses aislado en 1 y 59, lo que era Caballería. 

En un momento salimos, volvimos a entrar, y en ese trajín con una pequeña charla Antonio fue hasta lo más hondo: “Yo me he olvidado golpizas, vejaciones de todo tipo en mi tiempo de encierro. Pero hay algo que jamás se me va a borrar de mi cabeza, y es los gritos de mi madre cuando reventaban mi casa. Eso no se va más, es tremendo”. En un momento crucial para la historia del país en ese sentido, una pequeña parte de la sociedad cuestiona el accionar del Ejecutivo y la Justicia por ‘mirar hacia el pasado’, cuestión que Antonio resumió con severidad: “¿Qué pasado, nene? Lo que vivimos nosotros es un presente continuo, eso no se borra más. Hace poco me tuve que ir a Italia porque noté que estaba volviendo a ponerme mal, perseguido, encerrado todo el día, sin poder dormir… eso no se borra más”. 

-¿Cómo vive el momento histórico que atraviesa el país en ese sentido? 
-Bien, muy bien, contento con lo que está haciendo este gobierno en todo. Nosotros tenemos la medida que significa la gente que viene a los comedores, los asentamientos, y es siempre menor. Entonces nos damos cuenta que hay cosas que cambiaron. Hay gente que no viene y nos explica, nos dice que encontró changas, que tiene trabajo… el Peronismo es así. 

-¿Marcelo también militaba? 
-Sí, por supuesto. Marcelo se tuvo que ir a Rosario porque cuando a mí me levantan, a él también lo buscaban. Así que vivió el exilio interno por varios meses. Yo salí y volví a entrar varias veces, y desde ahí quedé muy mal, destruido. Vivía con mucha paranoia incluso dentro de mi propia casa… nunca se borran las imágenes de cuando entraban, todos encapuchados. 

-¿Cómo nació la idea del comedor y del hogar de noche? 
-Nosotros nos vamos fijando en la necesidad de la gente, esa es nuestra guía. No somos demandantes del Estado, que a veces nos ve y nos reconoce con ayuda alimenticia. Ahora colaboran con nosotros el Municipio y el Estado Nacional. Pero nuestro eje es la necesidad de hacer algo por gente que no tiene nada. Cuando estás todo el día con la gente, te generás el compromiso. También hay mucha descarga, te genera cansancio, la gente te cuenta todo lo que le pasa y uno lo absorbe... es complicado. 

-¿Qué vinculación tiene su familia con la política tradicional? 
-Siempre hicimos política con estas actitudes, porque uno está detrás de lo que piensa. Soy peronista de toda la vida. Sintetiza mi pensamiento Cristina Kirchner, un poco Bruera también, pero principalmente Cristina y Néstor, claro.







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